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Adiós a la gran poeta Estela Figueroa 

El jueves último falleció la escritora santafesina Estela Figueroa. Poeta de una gran sensibilidad, aquí compartimos parte de su biografía y algunos de sus poemas.

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El jueves último falleció la poeta santafesina Estela Figueroa

Estela Figueroa nació en Santa Fe en 1946. La lectura y la escritura, el cine y el teatro fueron pasiones que la acompañaron durante toda su vida. Ha sido una escritora comprometida y desde ese lugar coordinó talleres literarios en el Pabellón de menores de la cárcel de Las Flores, espacio para la creación colectiva donde como resultado se editó la revista Sin alas.

Su deceso produjo un profundo dolor que se tradujo en múltiples expresiones en redes sociales y distintos medios. En los últimos años su obra había logró tener una nueva y más amplia difusión y circulación con la publicación de El hada que no invitaron (Bajo la luna), su obra reunida, que incluye Máscaras sueltas (1985), A capella (1991) y La forastera (2007) junto al hasta entonces inédito Profesión: sus labores. A su vez, Figueroa escribió y editó El libro rojo de Tito (1988) a partir de entrevistas con Tito Mufarrege. Fue la guardiana histórica de sus papeles. Publicó también Un libro sobre Bioy Casares (2006).

Su voz poética seguirá vive en cada una de las palabras que ha escrito. Aquí compartimos algunos de sus poemas.

Pronto va a hacer

tres años de tu muerte

y todavía no la acepto.

Quise colgar tu retrato en la pared

y no pude.

Volví a guardarlo.

El clavo quedó allí

sosteniendo tu ausencia.

Mujer en dictadura

Gruesas paredes cubrieron las ventanas, las puertas.

Quedé sola, sin libros. Quise gritar ¡los libros no! Pero

también se habían llevado mi voz. Dejaron un agujero para

mirarme. Una araña empezó a cubrirlo.

Tal vez ellos se olvidaron de mí.

La enamorada del muro

I

La enamorada del muro

no sabe cómo es el muro.

pero seguro siente su humedad

cuando ha llovido.

Su aridez

en tiempo seco.

La enamorada del muro

depende del muro.

A él se aferra.

Si el muro se cae

ella se desparrama

como una cabellera sin cabeza.

A veces es tímida

y cubre sólo la base

como una mujer arrodillada

que abrazara las piernas de un hombre.

Y a veces –qué deseo

y qué orgullo caben en ella–

cubre no sólo el muro

sino toda la casa.

II

Todo amor nace

a partir de una pequeña confusión.

Nadie puede decir con certeza

si es el muro el que sostiene a su enamorada

o es la enamorada

la que sostiene el muro.

Y todo amor crece

a partir de pequeñas carencias:

La enamorada del muro no florece.

Tampoco el muro.

III

Visto desde afuera

la impresión general es de una gran belleza.

¿Pero quién puede alejarse para mirar

cuando está enamorado?

El muro no ve el hermoso conjunto.

Ve pequeños tentáculos

que se clavan en él.

La enamorada ve el muro descarnado.

"Él es el hueso que me da forma.

Yo soy la carne que le da vida".

A Manuel Inchauspe

en el hospicio

Las nuestras, mi amigo,

son obras pequeñas.

Escritas en la intimidad

y como con vergüenza.

Nada de tonos altos.

Nos parecemos a la ciudad

donde vivimos.

Perdiste tus últimos poemas

y yo casi no escribo.

De allí

esos largos silencios

en nuestras conversaciones.

No es para hablar de mí que escribo

de la glicina: cayó

su lluvia ligera

azul–

violácea–

celeste.

No es para hablar de la glicina

que la comparo con una lluvia

y adjetivo esa lluvia.

Es para detener este momento nocturno:

la casa en calma

y los pensamientos que ennoblecidos velan

por un ordenamiento

que lo abarque todo.

Deseo

Déjame ser como el caracol

Que temiendo ser pisado

De día se oculta bajo un techo de hojas

Y de noche deja una estela brillante

En el patio liso de tus sueños.

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